Todo comenzó con un ruido.
Un golpe seco, profundo, casi imperceptible.
Algunos dijeron que había sido una tormenta lejana. Otros pensaron que eran obras. Pero aquella noche no había nubes, y el sonido no venía de la calle.
Venía de abajo.
Durante los días siguientes volvió a escucharse. Siempre de madrugada. Tres golpes lentos, separados por unos segundos.
TOCTOCTOC
Nadie le dio demasiada importancia hasta que uno de los jugadores encontró algo extraño.
Acababa de terminar una partida y, al levantarse de la mesa, vio una pequeña piedra negra junto a su silla. Era lisa, pesada y estaba completamente fría. Tan fría que parecía haber permanecido cientos de años enterrada en un lugar al que jamás había llegado la luz.
La guardó en su almacén sin saber muy bien por qué.
A la mañana siguiente, la piedra había desaparecido.
En su lugar encontró un papel amarillento con una única frase escrita:
La superficie solo es el principio.
La noticia empezó a correr por los salones.
Como ocurre siempre en UsuJuegos, algunos se lo tomaron a broma.
—Seguro que es una tontería.
—Alguno quiere llamar la atención.
—Eso te pasa por jugar hasta las tantas.
Pero entonces aparecieron más piedras.
Una tenía una fina veta plateada que brillaba al moverla. Otra parecía contener la huella de una criatura diminuta. Una tercera desprendía un leve calor, aunque había sido encontrada en el rincón más frío del salón.
Todas desaparecían durante la noche.
Y todas dejaban un mensaje.
Debajo de vuestros pies hay algo esperando.
La tierra guarda aquello que los hombres olvidaron.
Hay lugares que jamás debieron ser abiertos.
No todo lo enterrado está muerto.
Después apareció el viejo mapa.
Nadie vio quién lo dejó.
Una mañana estaba allí, extendido sobre una mesa del salón y sujeto por cuatro piedras negras. El papel era grueso, quebradizo y parecía mucho más antiguo de lo que podía ser. Tenía manchas de humedad, bordes quemados y pequeñas marcas que nadie logró descifrar.
No mostraba países.
No había carreteras, ciudades ni mares.
Solo una línea irregular que descendía desde la parte superior del mapa y desaparecía entre sombras.
Fragmento del mapa hallado
Más abajo, las letras se volvían borrosas.
Algunos aseguraron distinguir palabras como oro, cristal y fuego. Otros dijeron que no había nada escrito y que cada persona parecía ver algo diferente.
La parte inferior del mapa estaba completamente quemada.
Solo se conservaba una frase:
Aquí comienza lo que nadie consiguió contar.
Junto al mapa había también un viejo pico.
Parecía una herramienta corriente: madera oscura, hierro desgastado y restos de tierra endurecida. Pero en el mango tenía grabados cientos de nombres.
Algunos pertenecían a jugadores actuales de UsuJuegos.
Otros eran nombres de personas que hacía años que no entraban.
También había nombres que nadie recordaba haber visto jamás.
Debajo de todos ellos quedaba un espacio vacío.
Un lugar reservado para alguien.
Durante días, nadie se atrevió a tocar el pico.
Hasta que una noche desapareció.
A la mañana siguiente apareció clavado en el suelo, justo en el centro del salón.
A su alrededor había un círculo perfecto de polvo negro.
Uno de los jugadores quiso sacarlo, pero no pudo. Otro lo intentó después y tampoco consiguió moverlo. Parecía atrapado en algo mucho más duro que el propio suelo.
Entonces volvieron los golpes.
Esta vez no fueron tres.
TOCTOCTOC
TOCTOCTOC
Las luces parpadearon.
Durante unos segundos, nadie dijo nada.
Y entonces, desde algún lugar que parecía encontrarse a cientos de metros de distancia, se escuchó un sonido parecido al arrastre de una cadena.
Después, silencio.
A partir de aquella noche comenzaron a suceder cosas difíciles de explicar.
Algunos jugadores aseguraban encontrar tierra en sus zapatos después de abandonar una partida. Otros hablaban de pequeños temblores bajo las mesas o de un olor extraño, parecido al de la piedra mojada.
Una madrugada, alguien vio una luz dorada atravesando una grieta que antes no estaba allí.
Cuando regresó con otros jugadores, la grieta había desaparecido.
Otro afirmó haber escuchado una voz que pronunciaba su nombre desde debajo del suelo.
Nadie le creyó.
Hasta que la voz llamó también a otro jugador.
Y después a otro.
Siempre cuando estaban solos.
Siempre después de medianoche.
En uno de los salones apareció una caja de madera cubierta de barro. No tenía cerradura, bisagras ni ninguna forma visible de abrirla.
En la tapa había grabada una advertencia:
Lo que encuentres será tuyo.
Lo que despiertes será de todos.
La caja permaneció allí durante tres días.
Al cuarto había desaparecido.
Solo quedó una pequeña moneda antigua que ninguno de los objetos conocidos de UsuJuegos parecía reconocer. En una cara tenía dibujado un ojo cerrado. En la otra, una puerta.
Hay quien dice que la moneda continúa en el almacén de uno de los jugadores.
Hay quien asegura que cambia de dueño cada noche.
Y hay quien afirma que, cuando alguien intenta empeñarla, el viejo Usurero se niega a tocarla.
Desde entonces, el anciano parece inquieto.
Dicen que mira continuamente hacia el suelo.
Que cuenta sus objetos una y otra vez.
Que ha cerrado uno de los cajones de su tienda con tres candados.
Y que, si alguien le pregunta por la moneda, responde siempre lo mismo:
—Eso no se compra con usuros.
Ayer apareció una nueva inscripción en el mapa.
Nadie vio cómo se formaba.
Las letras fueron surgiendo lentamente sobre el papel, como si una mano invisible escribiera desde el otro lado.
Pronto se abrirá el camino.
Debajo apareció una fecha.
Pero antes de que alguien pudiera leerla por completo, la tinta comenzó a extenderse y terminó cubriéndola.
Solo quedó visible una frase:
PATIENTIA OMNIA VINCIT
Ahora el pico ya no está clavado en el salón.
Ha desaparecido otra vez.
El mapa permanece sobre la mesa, aunque cada mañana parece mostrar algo diferente. Hay caminos que antes no estaban. Símbolos que cambian de posición. Zonas oscuras que parecen crecer.
Y en la parte inferior, donde el papel está quemado, ha aparecido una pequeña grieta.
Algunos dicen que solo es una rotura.
Otros aseguran que, si acercas el oído, puedes escuchar algo al otro lado.
TOCTOCTOC
La Playita sigue abierta.
El sol continúa brillando.
La arena permanece caliente.
Pero, desde hace unos días, hay quienes se niegan a caminar descalzos por ella.
Porque aseguran que bajo la arena se nota una vibración.
Muy débil.
Muy profunda.
Como si algo estuviera buscando el camino hacia la superficie.
O como si estuviera esperando que seamos nosotros quienes bajemos a encontrarlo.
Hay cosas que esperan años para ser encontradas.
Y otras que llevan años esperando que alguien se acerque demasiado.